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LAS LECCIONES DE FALUYA, IRAK

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DIEZ LECCIONES ESTRATÉGICAS DE LA EXPERIENCIA DE FALUYA.
Por Ibrahim Alloush (De CSCA )

Instituto de Formación y Capacitación Política "GRAL. JUAN DOMINGO PERON"

Artículo de:
CORREOS PARA LA EMANCIPACION
Año VI, Número 246, 9 de junio de 2004

Página Web de CORREOS PARA LA EMANCIPACION

"La lección más importante que hay que extraer de la última batalla de Faluya es que las posibilidades del levantamiento contra el eje estadounidense-sionista -superior tecnológicamente y poseedor de la supremacía aérea- están presentes en todas las ciudades y pueblos árabes, como [ocurrió] en el Beirut de 1982 o en el campamento de Yenín en 2002. Pero transformar lo posible en realidad, lo probable en certeza, exige una resuelta voluntad por parte de quienes tienen que tomar las decisiones en la batalla, a fin de afrontar este reto y fundirse y formar un sólido bloque que no divida a la calle [árabe] ni a sus organizaciones armadas"

Todas las ciudades y aldeas iraquíes pueden levantarse contra las tropas de ocupación como se ha levantado Faluya [1]. Y no solo como se levantó Faluya en la primavera de 2003 [2], sino también como lo ha hecho en la primavera de 2004. El potencial y la capacidad del [presente] levantamiento es al menos igual que el de 2003, si es que no fue mayor hace un año. No es verdad lo que han afirmado dos [ex] altos oficiales de la Guardia Republicana [iraquí] en el canal al-Jazeera de que el levantamiento de 2003 no fue posible debido al severo desequilibrio de poder respecto a las fuerzas de la ocupación.

En realidad, la lección más importante que hay que extraer de la última batalla de Faluya es que las posibilidades del levantamiento contra el eje estadounidense-sionista -superior tecnológicamente y poseedor de la supremacía aérea- están presentes en todas las ciudades y pueblos árabes, como [ocurrió] en el Beirut de 1982 o en el campamento de Yenín en 2002. Pero transformar lo posible en realidad, lo probable en certeza, exige una resuelta voluntad por parte de quienes tienen que tomar las decisiones en la batalla, a fin de afrontar este reto y fundirse y formar un sólido bloque que no divida a la calle [árabe] ni a sus organizaciones armadas. Esto es lo que no ha sucedido en la mayoría de las batallas árabes, que han concluido en derrotas y fracasos.

Colapso de los Estados árabes y levantamiento popular

Una lectura mesurada de la resistencia permite ver que el denominador común en los casos en los que se ha producido un levantamiento exitoso contra el eje estadounidense-sionista en nuestra historia árabe es el colapso previo del aparato del Estado local de los países que han sufrido una invasión, desde Somalia a principios de los noventa, pasando por Líbano en los ochenta o [el colapso de] la Autoridad Palestina que favoreció la Intifada, hasta el Iraq de hace un año. Por lo tanto, es viable que el movimiento popular lleve las riendas de las iniciativas sin que exista autoridad local. Aún más, de hecho observamos que la vida política de la calle árabe ve debilitada su fuerza cuanto más fuerte es el aparato del Estado local ya que [esa fuerza] representa un peligro para la seguridad nacional. El papel del Estado lo cal en el control de la iniciativa popular y de su desactivación tienen sus razones objetivas que van más allá incluso de la eventual voluntad de la cúpula del sistema por resistir, como ocurrió en Iraq.

En cualquier caso, hay capacidad de actuar para resistir; se han producido casos en los que el levantamiento contra el eje de EEUU y del sionismo ha tenido éxito y de ellos cabe destacar lo siguiente:

1. Confiamos en la fuerza de la calle árabe y no en los ejércitos organizados; en las armas ligeras y en los explosivos para hacer frente a las fuerzas enemigas organizadas que disponen de tecnología militar avanzada. La victoria es posible; no es verdad que quien dispone de la supremacía aérea gana los combates no convencionales. Por lo tanto, debemos evitar los enfrentamientos tradicionales donde no es posible vencer la superioridad tecnológica y aérea.

2. Nuestros combatientes son gente de la zona en que se desarrollan los combates y aunque hay varios voluntarios ajenos al área, no son mayoría. [A los combatientes] Se les facilita la integración entre los ciudadanos y vuelven a la acción cuando es necesario. Esto no lo pueden detectar los satélites, ni son [objetivos] fáciles de bombardear como se bombardean tropas estándar de tierra o aire. De esta manera, el árabe se convierte en un espectro político-militar que persigue al enemigo como una pesadilla.

3. Cuando el enemigo se adentra en las zonas urbanas y en calles y callejones estrechos pierde mucha de la ventaja tecnológica que le proporciona sus avanzados instrumentos militares. Ello concede ventaja a los que viven desde siempre en la zona y la conocen a fondo por lo que se mueven con una mayor flexibilidad. No es necesario inflingir al enemigo pérdidas mayores de las que tenemos que soportar nosotros para vencer. Lo que hay que lograr en que sus pérdidas estén por encima del listón que pueden soportar, tal como reza el principio de "pérdidas inaceptables"

4. El principal punto que nos debilita es la falta de organización y la débil planificación estratégica. Esto no sucede en los enfrentamientos con el enemigo, en la guerra de guerrillas, ni en las acciones suicidas, o de infiltración, o caza y muerte de grupos pequeños. En general son llevadas a cabo por iniciativa de un combatiente individual mediante su valor personal y su determinación. Esto nos sitúa por encima del enemigo, ya que cien mil árabes pueden vencer a diez mil soldados enemigos; cinco de los nuestros dejan fuera de combate a una brigada enemiga en la guerra de guerrillas o en los enfrentamientos urbanos. Esta es la diferencia entre nuestros combatientes y los altos estamentos militares [árabes] corruptos y faltos de credibilidad.

5. Es preferible una descentralización de las decisiones militares. Los enfrentamientos y largas operaciones de desgaste contra las fuerzas del enemigo se han sostenido porque se trata de zonas donde había una presencia de fuerzas locales implicadas en los combates, lo que les brinda la posibilidad de aumentar su popularidad porque cuentan con la decisión del entorno local facilitado por el apoyo popular que se les brinda. Este es el caso de Faluya y del campamento de Yenín. Ello significa que es preferible una descentralización de las decisiones militares dado que no existe un movimiento popular árabe organizado dirigido por una cúpula política y militar sólida y experimentada. Así, en estas circunstancias, el colapso del centro no lleva al colapso de las extremidades.

6. El enemigo no dispone de los medios necesarios para la guerra de guerrillas o los enfrentamientos urbanos o para luchar contra acciones suicidas; sólo puede vengarse en inocentes habitantes de una manera repugnante, poniendo así de manifiesto su derrota política y militar. Este hecho provoca: a) la radicalización y el reforzamiento de la posición de los habitantes [locales] indecisos y tibios; b) posiciona a la opinión pública árabe, musulmana e internacional en su contra; c) aumenta el apoyo a nuestros combatientes en su lucha; d) genera una situación de inestabilidad de sus intereses regionales e internacionales; e) [favorece] la pérdida de la iniciativa mediática fruto del empeoramiento de su imagen.

7. No todos los instrumentos de los que se sirve la ocupación tienen naturaleza militar. Sería estúpido rechazar la posibilidad de golpear los puntos débiles o los menos fortificados del enemigo como sus aparatos no militares, económicos o los que denominan civiles cuando en realidad tienen una naturaleza política o securitaria hostil. No todos los instrumentos de la ocupación tienen naturaleza militar, ni es inteligente que permitamos al enemigo que decida las reglas del juego cuando pretende delimitarnos la naturaleza de los objetivos que debemos elegir, mientras ellos [el enemigo]golpean como quieren. Esto es aplicable a los objetivos civiles sionistas en la Palestina ocupada, a todos los trabajadores árabes o extranjeros de empresas u organizaciones civiles que trabajan para la ocupación en Iraq. Estos objetivos le d uelen al enemigo y le desconciertan en gran medida y hacen aumentar la presión de la opinión pública en su contra. El caso de los extranjeros secuestrados en Iraq ha hecho aumentar las movilizaciones exigiendo la retirada de [las tropas de] Iraq y obliga a los colaboracionistas de la ocupación a replantearse su posición o por lo menos a sus relevos.

8. El secreto del logro de la victoria es honrar las pequeñas victorias en los enfrentamientos con un enemigo superior tecnológica y logísticamente. Ello significa: a) mantener la consideración de que una larga lucha requiere una larga determinación; b) explotar sus puntos débiles [del enemigo], el más importante, el ser humano; c) movilizar los efectivos humanos y materiales disponibles para los intereses de la resistencia; d) mantener la firmeza del principio y la unidad de todas las fuerzas sobre la base de expulsar a los ocupantes; y e) consolidar el concepto del mutuo enfrentamiento en la lucha contra el eje de EEUU y el sionismo que no puede solucionarse sino mediante la fuerza.

9. El discurso idóneo para ganarse a la opinión pública enemiga es el discurso del principio firme y claro que exija el fin de la ocupación sin concesiones o condiciones. La forma de ganarse a la opinión pública del bando enemigo es aumentar sus bajas humanas hasta el punto que sea insostenible, y no mediante la súplica y la imploración o renunciando a los principios o estableciendo relaciones normalizadas o sospechosas [con el enemigo]. La retirada sionista del sur de Líbano sin condiciones ni exigencias es la mayor prueba de ello. Igualmente, la oposición a la ocupación en EEUU, incluida entre las filas de soldados y sus familiares, como manifestó el diario The New York Times en su edición de 11 de abril de 2004, aumenta según se incrementan las pérdidas estadounidenses en Ira q -y no a medida que se reitera la petición de una solución "justa y global al problema de Oriente Medio". Por lo tanto, el discurso idóneo para ganarse a la opinión pública enemiga es el discurso del principio firme y claro que exija el fin de la ocupación sin concesiones o condiciones, apoyado en las acciones militares.

10. Mientras la coacción nos divide, las diferencias doctrinales o regionales [árabes] aumentan las posibilidades de la derrota y debilitan la resistencia contra EEUU y contra el sionismo. Los hijos del pueblo que están dispuestos a inmolarse son un arma secreta que puede vencer muchos ingenios militares modernos. Nuestro pueblo árabe está dispuesto a prestarse a ello sin ambages pero requiere ver previamente una oportunidad o una referencia por la que sus sacrificios se conviertan en algo útil para la nación; que el sacrificio popular pueda anular los efectos de la tecnología militar; que la bomba humana sea la bomba atómica de los oprimidos; que la resistencia una a la nación. Mientras la coacción nos divide, las diferencias doctrinales o regionales [árabes] aumentan las posibilidades de la derrota y debilitan la resistencia contra EEUU y contra el sionismo. Las cúpulas políticas de la oposición árabe que coinciden en esta visión todavía no están al nivel de los retos a que tiene que hacer frente la nación.

Todo nuevo frente contra EEUU y contra el sionismo devuelve con insistencia aquella importante premisa que viene planteándose ante nuestros ojos desde hace décadas: la creación de un movimiento popular árabe organizado que sea capaz de asumir la responsabilidad de proteger la seguridad nacional [árabe] desde Marruecos a Bahrein, que sea capaz de prestar apoyo efectivo a todos los focos de resistencia, desde Faluya hasta Yenín. Una vez que el régimen local ha perdido su razón de ser, incluso para los que lo crearon hace un siglo, la batalla entre nosotros -los hijos e hijas de esta nación- y el eje estadounidense-sionista se ha trasformado en un enfrentamiento directo excepto para algunos esbirros. Ahora, o asumimos nuestra responsabilidad, o nos sumimos como esclavos en las tinieblas del [proyecto del] "Gran Oriente Medio" du rante otro siglo.