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Don Juan Manuel de Rosas hoy

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Audiencia Pública del 11 de abril de 2003
Denomínase Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas al tramo de la Av. Sarmiento que se extiende entre la Av. Del Libertador y Plaza Italia.
Expte. Nº 0825-D-2002.

Instituto de Formación y Capacitación Política "GRAL. JUAN DOMINGO PERON"

Profesor
Ernesto Adolfo Ríos

Sr. Presidente: Le corresponde ahora el turno al señor Ernesto Rios.

Sr. Rios: Señor Presidente, señora legisladora, señores legisladores, señoras y señores: Para quienes, como yo, peinamos canas aunque no hayamos cumplido aún los treinta años, y que formamos parte de esas nuevas y jóvenes generaciones que tanto se han mentado aquí esta tarde (y conste que no pretendo hacer de la juventud un fuero) la experiencia de participar en Audiencias como ésta es novedosa. Y es importante también, no sólo por el tema a tratar, sino porque se nos da a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires la posibilidad de tener alguna ingerencia en las decisiones que corresponden a nuestra vida cotidiana. Es cierto, como se ha afirmado aquí también, que hay otras cosas más importantes para tratar: con gusto, cuando se convoque a Audiencia Pública sobre ello, vendremos a tratarlas... Mientras tanto, ésta nos convoca, y la magnitud de la participación demuestra su importancia, donde también hay que agregar que muchas de las cosas irresueltas de nuestro país derivan de no haber resuelto el debate histórico que aquí se ha presentado.
Evidentemente, no habrá sido seguramente éste su objetivo primero, pero hay que reconocerle al legislador O´Donnell la capacidad que tiene de revolver el avispero con sus ideas... (Risas)
Antes de entrar en materia, y dar la opinión que como vecino de la ciudad en derecho me corresponde sobre el tema tratado, me parece importante puntualizar algunos aspectos que he recogido a lo largo de estas casi seis horas de discusión.
He escuchado esta tarde verdaderos... dislates (y perdonen ustedes la adjetivación) como el calificar a la iniciativa del Dr. O ´Donnell de atentatoria de la convivencia democrática. Debo decir que, a mi humilde juicio, cualquier discusión, sobre cualquier tema, aún el más espinoso, contribuye a la real democracia...
He escuchado también aberraciones históricas, que la falta de tiempo me impiden precisar.
He escuchado con dolor insultos provocados por el vómito ideológico, que yo pensaba superados entre mis conciudadanos a esta altura del nuevo milenio...
Y he escuchado, con enorme y profundo dolor que aquí, para justificar una postura, se han invocado los manes de Sarmiento, se han buscado a sus huesos como testigos, y se han insultado a conciencia las cenizas de Rosas. Personalmente, como cristiano que soy, yo quiero que Sarmiento, que Rosas, que San Martín, y que todos mis compatriotas puedan descansar en la paz que se merecen...
He escuchado también con sorpresa que aquí, también para justificar una postura, se ha señalado que las actitudes del Libertador con respecto a su sable y algunas otras cartas, tenían origen: en el yerno de San Martín, que era empleado de Rosas, y San Martín conocía de la vida argentina por su yerno... Decir esto y sostener que el Gran Capitán era un tarado, es la misma cosa... (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos) Y esto me ha dolido muchísimo.
También se ha manifestado, de labios de varias personas, que ni la Argentina ni Buenos Aires deben tener ni plazas, ni paseos, ni calles, que recuerden a Rosas. Me parece legítimo el santo horror porque en nuestro país y en nuestra ciudad existan espacios públicos que menten la memoria del Tirano Rosas... siempre y cuando se acepte también (y a esto nadie lo ha señalado) el santo horror de muchos argentinos que tenemos que ver en los subterráneos de Buenos Aires una estación con el nombre de un Ministro que puso bombas en esos mismos subterráneos, dando muerte a compatriotas en aras de un odio fratricida. (¡Muy bien! Aplausos)
No puedo, por la falta de tiempo, aclarar algunos equívocos históricos y algunas falsedades ya refutadas por la ciencia historiográfica que aquí se han repetido. Simplemente señalar que en la Historia uno puede tener distintas posiciones, pero lo que no puede hacer es ser anacrónico. Y la Historia patria no puede cabalgar sobre el mito, ni el Mito Rosas ni el Mito Sarmiento, porque el mito, al no admitir contrarios, se transforma en un totalitarismo, de nefastas consecuencias, cuyos ecos hemos tenido lamentablemente que escuchar esta tarde.
Ahora mi opinión. Se ha señalado que es un agravio el cambiar de nombre al tramo de la Avenida Sarmiento por el de Juan Manuel de Rosas. Personalmente entiendo, como argentino y como vecino de esta ciudad, que el cambio de un tramo de calle, que tiene como objeto según lo señala el proyecto- la unidad nacional, en espacios cuya historia está estrechamente vinculada a la figura de Rosas, no es un agravio a la memoria del gran Sarmiento... Y es preciso reconocer también que, en su oportunidad, cuando se le dio a esa Avenida el nombre de Sarmiento, cuando se emplazó allí la estatua ecuestre de Justo José de Urquiza, y cuando se bautizó a ese Parque con el nombre Tres de Febrero, ello fue hecho con un sentido de agravio a la figura del Restaurador. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
Aquí se ha señalado que es inoportuna esta iniciativa, que es preciso que no innovemos, que no pueden traerse superadas antinomias. Si las antinomias estuviesen superadas, no habríamos escuchado muchas de las cosas vertidas aquí esta tarde... Y justamente los que hablan de no innovar son los mismos que plantean que es preciso cambiar muchas cosas en nuestra ciudad y en nuestro país: ¿dejamos todo como está entonces, aún lo malo? ¿O cambiamos lo que hay que cambiar? Y con el criterio de la imposibilidad del cambio de calles, deberíamos entonces volver a la nomenclatura de la Colonia, para dejarlos tranquilos...

Sr. Presidente: Queda un minuto de tiempo de exposición.

Sr. Rios: Quiero concluir trayendo a colación una anécdota personal, que escuché de labios de una personalidad a quien esta Legislatura no ha homenajeado aún como correspondería: doña Julia Prilutzky Farny, la mejor poetisa argentina, muy porteña y muy argentina a pesar de haber nacido en Kiev (Ucrania)... En su lecho de muerte, en un geriátrico, sola y olvidada, a punto de cumplir sus noventa años, cuando le pregunté por qué no estaba en Europa con su familia, sus hijas, sus nietas y bisnietas, me respondió recitándome los versos finales de su poema sobre la Patria: Donde se quiere arar y dar un hijo. / Y se quiere morir, está la Patria.
Yo también como tantos argentinos quiero arar, dar un hijo y que este suelo cubra mis huesos cuando la muerte se ocupe de mí; por eso acepto a mi Patria sin beneficio de inventario, con toda su historia, con lo bueno y con lo malo, con Rosas y con Sarmiento, sin distingos...
Y en estos momentos difíciles, que una cuestión aparentemente baladí como el cambio de nombre del tramo de una arteria, pueda resultar en un gesto simbólico de unidad nacional, donde Rosas y Sarmiento se encuentren con el Libertador, es saludable y beneficioso: por eso apoyo con entusiasmo esta iniciativa del legislador O´Donnell .
Muchas gracias. (Aplausos)

Sr. Presidente: Muchas gracias señor Rios.